El centro de gravedad de la seguridad europea se desplaza al Atlántico Medio y sitúa la infraestructura portuaria canaria en el centro de una confrontación invisible. El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, ha lanzado una advertencia formal en Canarias7 sobre la vulnerabilidad del Puerto de La Luz y de Las Palmas frente a las tácticas de guerra híbrida que amenazan la estabilidad del comercio global. En un contexto dominado por la reactivación del flanco sur de la OTAN y la carrera de armamento en el Norte de África, el negocio logístico e industrial del archipiélago enfrenta riesgos que desbordan las métricas operativas tradicionales.
La arquitectura de seguridad en el Atlántico oriental experimenta una mutación acelerada. La combinación de incursiones con drones en Europa central, la expansión de Rusia en la franja del Sahel y el despliegue militar de Marruecos —respaldado por la Sección 1268 de la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de Estados Unidos y un presupuesto de defensa de 15.300 millones de dólares— altera el equilibrio en la frontera sur de la Unión Europea. Para las instalaciones portuarias de Gran Canaria, nodo clave para las rutas entre Europa, África y América, esta dinámica traslada la presión geopolítica directamente a sus muelles, cables submarinos y terminales energéticas.
Morales fija la atención en la indefensión de las arterias operativas del puerto frente a perturbaciones no convencionales. El presidente insular asevera que «en una economía global sometida a crecientes tensiones geopolíticas, esa posición adquiere un valor que supera ampliamente las estadísticas portuarias; y en una guerra híbrida puede ser muy vulnerable». El análisis del Gabinete insular sostiene que el riesgo no adopta la forma de un ataque militar directo, sino la de una agresión soterrada sobre infraestructuras críticas que paralice el tráfico comercial y el suministro energético de las islas.
La vulnerabilidad del recinto portuario grancanario se acentúa por la confluencia de ciberamenazas, sabotajes a la conectividad y el uso táctico de los flujos migratorios en la llamada zona gris. Morales señala que «la amenaza que se perfila no es necesariamente una guerra convencional; es algo más complejo: una confrontación permanente en la llamada zona gris, por debajo del umbral de la guerra, en la que se utilizan simultáneamente migración, desinformación, ciberataques, presión económica, espionaje, conflictos territoriales, control de infraestructuras y manipulación política«. En este escenario, la interrupción fortuita o deliberada de los cables submarinos de fibra óptica o de los tanques de combustible del puerto comprometería la operativa de las empresas navieras y el abastecimiento civil.
El negocio de reparación naval, el suministro de bunker y la logística de contenedores en La Luz dependen de una estabilidad ambiental que el escenario magrebí pone en revisión. La creciente presencia económica de China en la fachada atlántica africana y el reforzamiento estratégico de Rabat tensionan un espacio donde la dependencia de combustibles fósiles importados constituye una debilidad estructural. Morales enfatiza que «la guerra híbrida tiene una característica fundamental: resulta difícil distinguir entre un ataque y un acontecimiento normal; una avería de un cable puede ser accidental, una campaña en redes sociales puede parecer espontánea, una crisis migratoria puede tener causas perfectamente naturales, un ciberataque puede proceder de delincuentes comunes».
Frente al deterioro de la seguridad en las rutas del Atlántico Medio, la respuesta institucional exige transformar la infraestructura industrial del puerto en un escudo de autonomía estratégica. La implantación de la eólica marina, la acumulación energética y el refuerzo de la ciberseguridad en las terminales se perfilan como requisitos para sostener la confianza del capital internacional. Morales concluye que «la seguridad de un territorio no depende solamente de sus soldados o de sus fronteras; depende de su capacidad para mantener abiertas sus comunicaciones, garantizar su energía, proteger sus infraestructuras, sostener su economía y preservar la confianza de sus ciudadanos«. La capacidad de resiliencia del Puerto de La Luz dictará la viabilidad económica de la plataforma canaria en la nueva era geopolítica.










