
El histórico grupo ha pulsado definitivamente el botón de desconexión en el Puerto de La Luz a una de sus filiales emblemáticas. La decisión de liquidar Pescaeste, S.A., adelantada por la convocatoria de su Junta General Extraordinaria para los próximos 20 y 21 de marzo de 2026, pone fin a una agonía empresarial marcada por el cerco de las sanciones administrativas y una evidente asfixia financiera que ha hecho insostenible la continuidad de la sociedad.
La caída de Pescaeste no es un hecho aislado, sino el desenlace de un año de turbulencias internas. Ya en octubre de 2025, la junta ordinaria dejó entrever las costuras de la entidad al verse obligada a evaluar la distribución de reservas bajo requerimiento notarial y a financiar los gastos de desplazamiento de unos socios cada vez más distantes de la gestión de Manuel Freire Veiga. El relevo en el mando hacia Santiago Freire Rodríguez, ahora como administrador único, no ha sido para reflotar la firma, sino para pilotar su desguace definitivo y entregarle las llaves al liquidador Santiago González Méndez.
El golpe de gracia, sin embargo, llegó desde el Atlántico Sur. La empresa, que operaba bajo el paraguas de la marca Freiremar, se vio señalada en un escándalo internacional de pesca a raíz de una denuncia de la organización Océana. El arrastrero Farruco, buque insignia de Pescaeste, fue cazado navegando con el sistema de localización (AIS) apagado en los límites de la Zona Económica Exclusiva de Argentina entre 2020 y 2021. La Dirección General de la Marina Mercante fue implacable en 2023: una sanción de 39.100 euros por lo que se consideró una maniobra deliberada para ocultar su posición en caladeros prohibidos o evitar la competencia.
Los argumentos de la administración fueron demoledores para la imagen de la compañía, subrayando que apagar el localizador no era una avería fortuita, sino una práctica habitual para «obviar las precauciones inherentes a la seguridad marítima» en busca de beneficios ilícitos. Esta multa, sumada a las impuestas al resto de la flota del grupo (Fakir, Festeiro y Freiremar Uno), terminó por dinamitar la viabilidad económica de una estructura que ya arrastraba un serio deterioro patrimonial.
Con la disolución de Pescaeste, desaparece una pieza clave del entramado de Freiremar en Las Palmas. El orden del día para la junta de marzo es clara y no admite vuelta atrás: cesar al administrador, certificar la defunción legal de la sociedad y presentar un balance final de liquidación en un plazo de seis meses. Es el cierre de una etapa para el Puerto de la Luz, donde los gigantes del arrastre gallego-canario siguen replegando velas acosados por la vigilancia satelital y el agotamiento de un modelo de negocio que ya no encuentra amparo ni en los tribunales ni en los caladeros del Sur.
Noticia escrita por Raquel Molina. Editado y verificado por José L. Jiménez. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










