
El skyline industrial del sureste de Gran Canaria ofrece hoy una imagen de fracaso tecnológico. El aerogenerador Gamesa G128-5.0MW, la mole de 160 metros que en 2015 se presentó como la turbina más potente de España y el orgullo de la ingeniería eólica marina, ha sucumbido a un incendio catastrófico. El rotor, una estructura diseñada para barrer una superficie de 12.868 metros cuadrados, luce este mayo de 2026 un color negro carbonizado, reducido a chatarra inútil tras una inversión pública y privada de 15 millones de euros. En 2013 el aerogenerador G128-5.0 MW Offshore de Gamesa instalado en el muelle de Arinaga (Gran Canaria) batió el pasado el récord de generación eléctrica de una turbina en España, tras producir 3.136 MWh, una energía necesaria para abastecer un mes a más de 10.800 hogares.
La Fundación Puertos de Las Palmas, propietaria del 33,33% de la sociedad Megaturbinas de Arinaga, titular de derechos del producto del proyecto de Siemens Gamesa, queda vinculada a un activo calcinado que ha pasado de hito mundial a esqueleto industrial. La sociedad ve cómo su buque insignia queda fuera de combate, dejando en el aire la viabilidad de los ensayos científicos en el muelle de Agüimes. El incendio no solo ha devorado la maquinaria; ha golpeado la credibilidad de una infraestructura cuya densidad de potencia de 388,6 W/m² prometía revolucionar el sector offshore.
El balance de la Fundación refleja una gestión bajo presión al cierre de 2024, con el reconocimiento de un deterioro de 95.000 euros por impagos de patrocinadores que arrastran deudas de más de seis meses. Mientras el rotor del gigante se consume, las cuentas intentan digerir un escenario donde Megaturbinas Arinaga declara un resultado de explotación de 95,3 millones de euros (quizás la auditora BDO se equivocó con la cifra porque por otro lado habla de 95.000 euros), cifra que choca frontalmente con la realidad de una turbina de 5.000 kW de potencia nominal totalmente inservible.

El desastre de esta unidad, equipada con palas de 62,5 metros de fibra de vidrio y carbono, es un revés estratégico para la soberanía energética de las islas. Diseñado para resistir velocidades de punta de 80 m/s y vientos de corte de 27 m/s, el prototipo ha fallado en su propia zona de seguridad. Las exenciones de potencia y los privilegios de vertido a la red que disfrutaba esta plataforma de I+D+i pierden su sentido ante un generador síncrono de imanes permanentes que hoy solo genera hollín.
La imagen del buje ennegrecido a 120 metros de altura pone en entredicho el futuro de la sociedad Megaturbinas. Sin el funcionamiento del «molino de los 15 millones», la posición de Gran Canaria como referente científico queda comprometida. A las puertas de una nueva subasta de eólica marina, el incendio del mayor aerogenerador del país deja una herida abierta en el muelle y una pregunta incómoda sobre el retorno real de las inversiones en tecnologías de vanguardia que terminan envueltas en llamas.
La Dirección General de Industria y Energía de Canarias formalizó en 2013 la exención de potencia para el proyecto de Arinaga, autorizando la transmisión de la titularidad de Megaturbinas Arinaga, S.A. hacia Sistemas Energéticos Arinaga, S.A.U. Bajo el expediente ER12/0018, esta resolución otorgó el marco legal necesario para operar una plataforma de ensayo de I+D+i dedicada a aerogeneradores multimegavatio. El núcleo técnico de este acuerdo se centró en el prototipo Gamesa G-128-5MV, una infraestructura de 5.000 kW de potencia nominal con un rotor de 128 metros de diámetro y palas de 62,5 metros, diseñada expresamente para testar tecnología de vanguardia en condiciones reales de vertido a la red.










