
El Puerto de Las Palmas se aproxima a un punto de inflexión que amenaza con redefinir su posición competitiva en el Atlántico. Según el último informe de la organización Transport & Environment (T&E), la capital grancanaria está proyectada para convertirse en el puerto de ferris más contaminado de Europa en 2027. Bosco Serrano , responsable de combustibles sostenibles T&E España, ha afirmado: «Los ferris deben conectar comunidades, no contaminarlas. Demasiados ferris queman combustibles fósiles contaminantes, emitiendo aire tóxico a las ciudades portuarias de Europa. Electrificarlos podría reducir drásticamente las emisiones y aportar un soplo de aire fresco a millones de personas».
Este ascenso en el ranking de toxicidad no responde a un incremento orgánico del tráfico, sino a un «desplazamiento regulatorio»: mientras que nodos como Dublín —actual líder en emisiones— o Barcelona verán mitigado su impacto por la implementación de nuevas zonas de control de emisiones (ECA) en el Atlántico Nororiental y el Mediterráneo, la dependencia de Las Palmas de una flota envejecida dejará al descubierto la vulnerabilidad ambiental del archipiélago.
La magnitud del desafío se cuantifica en una comparativa aritmética que cuestiona la sostenibilidad del modelo actual. Los 1.043 ferris analizados por T&E emitieron 13,4 millones de toneladas de CO2 en el último ejercicio, una cifra equivalente al impacto de 6,6 millones de automóviles. En puertos de alta densidad como el de la Luz y de Las Palmas, estas embarcaciones generan una carga de óxidos de azufre (SOx) que supera la totalidad de las emisiones del parque móvil urbano. El problema es estructural: la edad media de la flota europea es de 26 años, una veteranía que en Canarias, donde el ferry es un servicio esencial de conectividad, se traduce en una quema ininterrumpida de combustibles fósiles pesados a escasa distancia de los principales núcleos de población.
Sin embargo, el informe de T&E identifica una ventana de oportunidad basada en la eficiencia de costes. Se estima que el 60% de los transbordadores europeos podrían ser eléctricos para el año 2035, y lo más relevante para los balances financieros de las navieras: el 52% de estas rutas serían más rentables de operar con baterías que con motores de combustión interna. La ventaja competitiva de la electrificación es particularmente alta en las rutas interinsulares canarias debido a sus trayectos fijos y distancias predecibles. La infraestructura necesaria tampoco representa una barrera tecnológica insalvable; el 57% de los puertos europeos solo requeriría cargadores de menos de 5 MW para dar soporte a estas operaciones limpias.
Para las autoridades portuarias canarias, la transición ha dejado de ser una cuestión de responsabilidad corporativa para convertirse en una prioridad de supervivencia comercial. Con la flota actual en el umbral de su jubilación técnica, el puerto capitalino se enfrenta a un dilema estratégico: liderar la inversión en sistemas de conexión eléctrica en tierra (OPS) y renovación de buques, o asumir el coste reputacional y las posibles sanciones que conlleva ostentar el título de puerto más contaminado del continente en apenas doce meses.










