
La idoneidad técnica del Puerto de La Luz y de Las Palmas para albergar la central eléctrica flotante de la corporación turca Karpowership se enfrenta a un cuestionamiento operativo de calado. Mientras que Coalición Canaria y la presidencia de la Autoridad Portuaria intentan desviar el desgaste de la gestión hacia la Consejería de Transición Ecológica, controlada por el Partido Popular, la memoria física de la infraestructura elegida introduce dudas sobre la viabilidad del proyecto. La Dársena de África, el espacio interior designado para el fondeo permanente de un buque generador de grandes dimensiones, acumula en sus registros incidentes de maniobrabilidad severos ocasionados por las particulares condiciones meteorológicas de la zona.
La vulnerabilidad del enclave quedó patente durante las maniobras de cambio de atraque en el interior del recinto portuario. En 2024 e ferry Ciudad de Ibiza, un buque de la naviera Armas Trasmediterránea (Baleària) que operaba sin carga ni pasaje en ese momento, sufrió un fuerte impacto contra el muelle de la Dársena de África tras verse desplazado de forma imprevista por un golpe de viento racheado. El incidente, que obligó a una intervención de emergencia por parte de Salvamento Marítimo utilizando el buque Heroínas de Sávora y dos remolcadores de puerto, provocó una pequeña vía de agua por encima de la línea de flotación. Aunque la naviera descartó fallos técnicos en los sistemas de propulsión y gobernanza, el suceso puso de manifiesto el impacto que los fenómenos atmosféricos adversos pueden tener en este sector acotado del puerto.
El viento como factor de inestabilidad financiera y técnica
Para los analistas que examinan el despliegue del buque de generación eléctrica, las lecciones del percance del Ciudad de Ibiza trascienden el mero suceso de la navegación comercial. Las dimensiones de la central flotante propuesta, habitualmente naves con un gran francobordo expuesto al viento y con un calado considerable, multiplican el denominado «efecto vela» que desestabilizó al ferry de pasajeros. Mantener un buque conectado de forma fija a la red de alta tensión del puerto mediante cables y tuberías de interconexión en un punto donde los golpes de viento ya han provocado pérdidas de gobierno temporales constituye un desafío de ingeniería que eleva los costes de los seguros marítimos y los presupuestos de contingencia.
La Autoridad Portuaria defiende que la modalidad de fondeo en aguas interiores sortea las reticencias de la Capitanía Marítima y libera las congestionadas líneas de atraque comerciales. Sin embargo, los operadores del puerto y las cofradías empresariales recuerdan que el espacio de la Dársena de África no cuenta con el mismo abrigo natural que otras dársenas históricas del recinto. Un fallo en el sistema de anclaje o un desplazamiento imprevisto de una infraestructura que alberga turbinas de generación y depósitos de fueloil pesado podría comprometer no solo el suministro eléctrico de la isla, sino la seguridad de las terminales adyacentes y los proyectos de eólica marina proyectados para la misma zona patrimonial.
La batalla política por los informes ambientales
El precedente del impacto del ferry añade munición a la estrategia de confrontación del PSOE y los sectores críticos con el proyecto. La tesis de la presidenta portuaria, Beatriz Calzada, en suppeditar la entrada de la central turca al estudio de impacto ambiental del Gobierno autónomo traslada la papa caliente al Partido Popular. Los técnicos del Ejecutivo regional deberán valorar ahora si el riesgo de colisión por meteorología adversa, evaluado tras el historial de la dársena, invalida la implantación de una central flotante que ya devora costes fijos estimados en casi 40 euros por minuto por el simple hecho de estar disponible para el sistema.
La confluencia de un historial de incidentes por viento en la Dársena de África con una factura de fletamento millonaria sitúa la solución de emergencia energética en un escenario de alta volatilidad. El Partido Popular se encuentra ante la encrucijada de avalar un informe técnico en una ubicación que ya ha demostrado deficiencias de resguardo ante temporales o asumir la parálisis de una infraestructura crítica cuya ausencia prolonga el riesgo de apagones estructurales en Gran Canaria. El cronómetro financiero sigue corriendo para las arcas de la isla mientras la geografía y el historial del Puerto de Las Palmas recuerdan que, en el Atlántico, la urgencia de la política a menudo choca contra la realidad de la navegación.










