
El debate sobre el modelo de generación eléctrica en la periferia atlántica ha cobrado una nueva dimensión geopolítica y técnica. Mientras el Gobierno de Marruecos entabla conversaciones con la multinacional de origen turco Karpowership para desplegar barcazas energéticas impulsadas por Gas Natural Licuado (GNL) frente a sus costas, en Canarias la mera posibilidad de importar este esquema ha provocado una frontal oposición política e institucional.
El gigante turco Karpowership —filial del grupo Karadeniz Holding— se ha posicionado en los últimos años como un actor global en la generación eléctrica flotante. Con una flota de más de 30 barcos generadores que superan los 6.000 megavatios de capacidad conjunta, la firma opera en recintos portuarios de más de diez países de Asia, África y el Caribe. Tras los contactos mantenidos en el Foro Africano de Energía en Ciudad del Cabo, la compañía propone a Rabat el despliegue de sus buques Karadeniz Powership para paliar la escasez estructural de electricidad y los continuos ceros energéticos que sufren las zonas rurales del reino alauita.
Sin embargo, la hoja de servicios internacional de estas plataformas de combustión arrastra un denso historial de controversias que abarca desde episodios de contaminación ambiental hasta disputas judiciales. El rastro de la compañía incluye graves denuncias por un vertido de combustible en las aguas de República Dominicana, sumado al conocido fiasco regulatorio y social en Sudáfrica, donde los proyectos de la firma turca quedaron paralizados tras una fuerte contestación de colectivos ambientalistas y de pesca artesanal.
Oposición rotunda en Gran Canaria frente al ‘megabarco’ fósil
A pesar de estos antecedentes, el planteamiento de recurrir a centrales térmicas flotantes ha salpicado de lleno el debate energético en las islas. Red Eléctrica de España (REE) ha propuesto incrementar de forma urgente la potencia de generación en 130 megavatios (MW) para Gran Canaria y 80 MW para Tenerife con el objetivo de cubrir picos de demanda y garantizar la cobertura ante posibles indisponibilidades técnicas.
Esta propuesta ha encontrado una contestación tajante por parte de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-BC). Su secretario general en Las Palmas de Gran Canaria y primer teniente de alcaldesa del Ayuntamiento capitalino, Pedro Quevedo, ha exigido formalmente a REE y al Gobierno autonómico que descarten el atraque permanente de un barco generador en el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria.
Desde la formación canarista sostienen que la instalación de un «megabarco» alimentado por combustibles fósiles acarrearía serios riesgos para la salud de la población costera de la capital grancanaria, además de representar un freno directo a la penetración de las energías renovables en la red insular. Quevedo ha cuestionado la necesidad real de incorporar 130 MW de potencia firme continua mediante generación térmica, recordando que en el plazo de año y medio está prevista la puesta en marcha de sistemas de almacenamiento masivo mediante baterías grid-forming, una tecnología de respuesta inmediata que resulta notablemente más eficaz ante los ceros energéticos que cualquier central flotante.
El dirigente de NC-BC ha argumentado además que los recientes apagones registrados en el archipiélago —como el sufrido en la isla de La Graciosa— no han estado motivados por falta de capacidad de generación, sino por fallos de infraestructura en las redes de distribución o anomalías en los protocolos de actuación. La formación exige que la planificación energética insular priorice el refuerzo de las líneas de 220 kilovoltios y la instalación de compensadores síncronos, evitando soluciones provisionales de alto impacto ambiental como las que Karpowership trata de consolidar en la fachada occidental africana.










