
Bajo el cielo atlántico, donde el mar se hace historia y el viento de la geopolítica silba verdades amargas, ha surgido la voz de una mujer que entiende el pulso de su tiempo. Beatriz Calzada, presidenta de la Autoridad Portuaria de Las Palmas, ha comparecido este lunes ante el foro de La Provincia-Prensa Ibérica con la prestancia de quien conoce que el destino no se espera, se conquista. Su mensaje, de una claridad meridiana y un rigor técnico encomiable, resuena en los despachos de la alta finanza y en los puentes de mando de las grandes navieras: Las Palmas vive su «oportunidad de oro».
No estamos ante la retórica vana del político de salón, sino ante la arquitectura financiera de una estadista de los muelles. 122,8 millones de euros. Esa es la cifra, redonda y rotunda, con la que Calzada pretende ensanchar los límites de la geografía para dar cabida a la ambición de un pueblo. Ganar superficie al océano no es solo un reto de ingeniería; es un acto de soberanía logística en un tablero mundial convulso, donde el Mar Rojo sangra incertidumbre y el Canal de Suez se estrecha por el miedo.

La presidenta de Puertos de Las Palmas, en un despliegue de lucidez estratégica, ha desgranado los hitos de esta metamorfosis: la prolongación del dique Reina Sofía, la ampliación del muelle Juan Sebastián Elcano, cincuenta millones de euros para abrazar nuevos horizontes, y la mejora de unos calados que son, en última instancia, las venas por donde corre la sangre de nuestra economía. Los datos de 2025, con esos 36,5 millones de toneladas y el rugido de dos millones de cruceristas, no son para Calzada una meta, sino el sólido pedestal sobre el que construir el futuro.
Late en su discurso, sin embargo, la prudencia del sabio. Sabe Beatriz Calzada que el éxito actual, espoleado por la desventura de otras rutas y la sombra de aranceles trasatlánticos, exige una respuesta estructural. No se conforma con ser la gasolinera del Atlántico; aspira a la vanguardia de la eólica offshore y a la pureza del hidrógeno verde. Es la búsqueda de la excelencia, la diversificación hacia el Mercosur y la mirada puesta en América, lo que define esta nueva era.
Las Palmas, bajo esta dirección enérgica, se erige este 2026 como la plaza fuerte de la Macaronesia. Calzada ha hablado, y sus palabras, respaldadas por el acero y el hormigón de sus obras, aseguran que, cuando las aguas del mundo vuelvan a su cauce, Canarias no será un mero espectador, sino el puerto inexpugnable donde el comercio mundial decida echar el ancla.
Noticia escrita por Pedro Marrero. Editado y verificado por José Luis Jiménez. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










