
La transición energética en los muelles de Las Palmas ha dejado de ser una declaración de intenciones para convertirse en una realidad administrativa y de hormigón. Petrologis Canarias, S.L. ha solicitado formalmente a la Autoridad Portuaria una modificación sustancial de su concesión en las Áreas Funcionales 7 y 8. El objetivo es ambicioso: ejecutar un proyecto de mejora y adaptación para el almacenamiento de biocombustibles y combustibles marinos alternativos, una maniobra estratégica que busca alinear sus instalaciones con las nuevas exigencias de descarbonización del transporte marítimo.
Esta apuesta por los combustibles «verdes» no es solo un movimiento ambiental, sino una jugada maestra de continuidad empresarial. Al proponer esta inversión tecnológica, Petrologis se acoge al artículo 82.2 b) de la Ley de Puertos para solicitar una prórroga del plazo de su concesión. La compañía, que actualmente opera una terminal para productos derivados del petróleo (Clase C), entiende que el futuro del búnker en el Atlántico pasa por la diversificación, y está dispuesta a transformar su infraestructura para no quedar obsoleta frente a la llegada de buques cada vez más sostenibles.
El anuncio, firmado por el director de la Autoridad Portuaria, Francisco Trujillo, abre ahora un periodo de veinte días hábiles para que cualquier interesado presente alegaciones. El proyecto básico de mejoras ya está sobre la mesa de las oficinas portuarias, detallando cómo una terminal logística tradicional puede reconvertirse en un nodo de energías limpias. Para Las Palmas, que este tipo de operadores soliciten invertir en biocombustibles refuerza su posición como «gasolinera del mundo», pero esta vez con un catálogo adaptado al siglo XXI.
Esta solicitud de Petrologis llega en un momento de efervescencia para el puerto, coincidiendo con la gira internacional de su presidenta para captar nuevos tráficos y la reciente introducción de soluciones como el AUS40 para cruceros de lujo. La terminal de la calle Tomás Quevedo Ramírez se prepara así para una nueva era, donde el almacenamiento de derivados del petróleo compartirá espacio —o cederá terreno— a las alternativas que exige la Organización Marítima Internacional.










