
El Puerto de Las Palmas ha dado un paso definitivo en su metamorfosis hacia la sostenibilidad con el primer suministro de AUS40 en el muelle de Santa Catalina. El encargado de estrenar este servicio ha sido el Le Champlain, un yate de expedición de ultra-lujo de la naviera francesa Ponant. Esta operación, liderada por GreenChem, marca un hito en la logística canaria al introducir de forma operativa el agente reductor necesario para que los grandes motores marinos cumplan con los estándares de emisiones más estrictos del mundo.
A diferencia del AdBlue convencional que utilizan los coches (con un 32,5% de urea), el AUS40 es la versión «vitaminada» para el sector naval. Con una concentración del 40% de urea pura en agua desmineralizada, esta solución es el combustible invisible que alimenta los sistemas de Reducción Catalítica Selectiva (SCR). Su función es crítica: neutralizar los óxidos de nitrógeno (NOx) antes de que salgan por la chimenea, transformándolos en nitrógeno y vapor de agua inofensivos. Para un buque de expedición que navega por ecosistemas vírgenes, contar con este suministro en Las Palmas es la garantía de que su huella ambiental se mantiene bajo mínimos.
La elección de Las Palmas para esta operativa no es casual. El puerto grancanario se posiciona así como un eslabón fundamental en la cadena de GreenChem, que ya ha demostrado su capacidad logística en otros nodos estratégicos como Algeciras (donde recientemente suministró 35 metros cúbicos al gigante One Resilience). Al ofrecer AUS40 a pie de muelle, Las Palmas deja de ser solo una estación de servicio de fuel y gasóleo para convertirse en un centro de soluciones tecnológicas para navieras que, como Ponant, apuestan por la innovación verde.
Este movimiento responde a una presión regulatoria global sin precedentes. Con el transporte marítimo responsable de hasta el 3% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, la Organización Marítima Internacional (OMI) no da tregua. El suministro al Le Champlain evidencia que el compromiso con el aire limpio ya no es solo una declaración de intenciones en los folletos de cruceros, sino una realidad técnica que requiere una infraestructura portuaria de vanguardia. Las Palmas, una vez más, demuestra que sabe leer el mercado antes de que cambie el viento.










