
Lo que pasa en Mauritania cada día es clave para el puerto de Las Palmas. De este recinto dependen negocios como el pulpo, calamar, jurel y otras cosas como la estabilidad financiera de Oryx Energies que es el proveedor clave de combustible del país. El pasado fin de semana, en el frío escenario de la Conferencia de Seguridad de Múnich, el ministro de Defensa mauritano, Hannena Ould Sidi, estuvo presente. Allí ha formalizado lo que los analistas de riesgo consideran la última línea de defensa racional en el Sahel. También estjvo Ousmane Kane, ministro de Asuntos Económicos y Promoción de Sectores Productivos de la República Islámica de Mauritania. Es decir: geoeconomía en estado puro. Mauritania es la bisagra de Las Palmas en África y viceversa.
Hannena Ould Sidi participó en un panel con Robert Dussey, ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación e Integración Africana, República Togolesa, , Svenja Schulze (Ministra Federal de Cooperación Económica y Desarrollo, República Federal de Alemania), Nathalie Loiseau (Presidenta de la Subcomisión de Seguridad y Defensa, Grupo Parlamentario Renew Europe, Parlamento Europeo), Abdou Abarry (Representante Especial para África Central y Jefe de la Oficina Regional de las Naciones Unidas para África Central, Naciones Unidas) y Jana Puglierin (Moderadora, Jefa de la Oficina de Berlín y Senior Policy Fellow, Consejo Europeo de Relaciones Exteriores) y donde el tema era: «En arenas movedizas: Fomento de la estabilidad en el Sahel».
Hannena Ould Sidi
Su intervención no fue una mera petición de asistencia, sino la exposición de una doctrina que busca desvincular a Mauritania del «efecto dominó» de golpes de Estado y repliegues occidentales que ha transformado a sus vecinos de la Alianza de Estados del Sahel (AES) en satélites de la influencia paraestatal rusa. Nuakchot propone ahora un modelo de «seguridad humana» donde el desarrollo económico no es un objetivo secundario, sino la pieza central de su arquitectura de defensa.
La estrategia mauritana se asienta sobre la premisa de que la victoria militar es pírrica si el Estado no logra ocupar el vacío socioeconómico. En un entorno donde la desinformación y el extremismo prosperan sobre la fragilidad institucional, la administración de Ould Sidi apuesta por una modernización castrense acompañada de políticas de inclusión social.
La movida de Canarias
Al estabilizar sus fronteras no solo con patrullas, sino con servicios básicos y programas de empleo, Mauritania está drenando el capital humano que nutre a las redes de delincuencia transfronteriza y al yihadismo. Esta visión integral sitúa al país como un laboratorio de estabilidad en un cinturón geográfico marcado por la insurgencia y el caos operativo.
Sin embargo, el pragmatismo de Nuakchot enfrenta vientos de cara geopolíticos de gran intensidad. La redefinición del papel de Mauritania ocurre en un momento de declive terminal de la influencia tradicional francesa y un reposicionamiento de los actores internacionales que buscan acceso a los recursos del flanco sur.
Hay Estado
La capacidad del Estado para mantener una política de defensa equilibrada —abierta a la cooperación multilateral sin caer en la polarización de bloques— es el mayor activo del país, pero también su mayor vulnerabilidad. El país debe gestionar la presión migratoria y la porosidad de sus vastos desiertos mientras intenta transformar su relativa seguridad en un motor de inversión extranjera directa.
La sostenibilidad del modelo mauritano dependerá, en última instancia, de su capacidad para abordar desafíos estructurales que no se resuelven en los despachos de Múnich: el desempleo persistente y la desigualdad social. Si Nuakchot logra consolidar esta «seguridad socioeconómica», no solo asegurará su propia supervivencia, sino que se confirmará como el actor regional creíble capaz de mediar en una de las regiones más volátiles del globo. En el Gran Tablero del Sahel, Mauritania ya no solo protege su territorio; está vendiendo una receta de gobernanza que es, hoy por hoy, el único seguro de vida para la estabilidad del norte de África y, por extensión, de la frontera sur de Europa, es decir, Canarias.










