
La entrada del Estado marroquí en el accionariado de las terminales de Boluda en el archipiélago se ve reforzada por la activación de Bir Anzarane, una infraestructura militar de propiedad estatal diseñada para garantizar la seguridad de sus inversiones logísticas. El ecosistema portuario de Canarias ha dado un giro definitivo hacia la seguridad estratégica. En Canarias solamente el Cabildo de Gran Canaria ha pedido el veto a esa operación al Gobierno central argumentando razones de defensa nacional, según ha informado el diario Defensa.com.
Tras la adquisición del 50% de las terminales de Boluda por parte del Estado marroquí, los nuevos socios de la naviera valenciana han pasado a la acción en el terreno militar. La consolidación de la base aérea de Bir Anzarane, de propiedad estatal marroquí, emerge como el brazo ejecutor de esta alianza: una instalación de vanguardia en el Sáhara Occidental equipada con drones capaces de operar en un radio de 300 kilómetros, blindando así el corredor marítimo que conecta las islas con el continente.
Esta maniobra cierra un círculo de control absoluto. Al convertirse en copropietarios de las infraestructuras clave en Canarias, los socios marroquíes de Boluda no solo gestionan el flujo de mercancías, sino que despliegan una doctrina de defensa preventiva para proteger sus activos. La base de Bir Anzarane, situada estratégicamente a 140 kilómetros de Dajla, funciona como un escudo tecnológico. Sus drones de vigilancia y ataque aseguran que cualquier inestabilidad que pueda comprometer la operatividad de las terminales en las que el Reino acaba de realizar una inversión multimillonaria.
La infraestructura de Bir Anzarane ha sido diseñada para una autonomía total en el desierto hostil, contando con pistas de tres kilómetros, torres de control avanzadas y hangares de mantenimiento. Para el mercado de inversión, el mensaje es de una estabilidad garantizada por la fuerza: el socio de Boluda es, al mismo tiempo, el garante de la seguridad aérea en ‘la ‘su’ región. La capacidad de los drones para operar por «línea de visión» hasta los 300 kilómetros permite una monitorización constante de las rutas hacia Mauritania y el flanco sur de Canarias, eliminando la dependencia de satélites externos para intervenciones de precisión inmediata.
Este despliegue convierte a las provincias del Sáhara en un bastión inexpugnable que protege los intereses comerciales compartidos. La simbiosis es perfecta: mientras Boluda aporta el know-how logístico y la red de terminales, el Estado marroquí aporta la soberanía territorial y el músculo militar. Los socios de Boluda han respondido con una realidad de hechos consumados: el negocio portuario en el Atlántico medio cuenta ahora con su propio sistema de defensa aeroespacial de propiedad estatal basada en Rabat.










