
No hay nada que defina mejor el cansancio de una civilización que el BOP de Santa Cruz de Tenerife. El consejo de administración ha decidido que el servicio de practicaje en el puerto de Los Cristianos —ese acto de guiar a los barcos hacia la inmovilidad del muelle— cuesta ahora un 1,52% más. Es una cifra técnica, desprovista de pasión, una corrección inflacionaria que apenas servirá para pagar los cafés de los gestores que la firmaron.
El presidente, Pedro Suárez López de Vergara, y la secretaria, Rosario Arteaga, han estampado sus firmas digitales en un documento que regula el roce de los cascos de los buques con el hormigón canario. La Tarifa Fija por Servicio se ha fijado en 188,77 euros, mientras que la Variable por GT se diluye en una sucesión de decimales: 0,0108341 euros. Es la precisión del contable que intenta dar sentido a un mundo que ha renunciado a cualquier otro propósito que no sea la continuidad administrativa.
En el Puerto de Los Cristianos, donde los turistas esperan ferris que los lleven a islas aún más aisladas, el practicaje es el último vestigio de una destreza física que ha sido absorbida por el pliego de prescripciones. El práctico, ese hombre que sube a bordo para evitar el desastre, es hoy solo un concepto dentro de una «modificación ordinaria».
La suspensión de la disponibilidad
Resulta curioso el punto segundo de la resolución: la suspensión de la tarifa de disponibilidad para el ejercicio 2026. Es un aplazamiento de la realidad, un bache de gratuidad temporal en un sistema que, de otro modo, nos cobra por el mero hecho de existir. Se reevaluará en 2027, como si el futuro fuera un lugar que realmente fuera a suceder, y no simplemente una repetición del presente con tarifas actualizadas.
Mientras tanto, en Las Palmas, los astilleros de los hermanos Laskaridis siguen procesando el metal y la grasa que permiten que estos barcos sigan necesitando prácticos. Existe una coherencia invisible entre el anuncio del puerto y el neón de los casinos en Grecia: la gestión del flujo. Unos gestionan el flujo de la cocaína, otros el de los barcos, y otros el del azar. Todos, sin embargo, se rinden ante la misma estructura de poder burocrático que convierte un incremento del 1,52% en la única noticia capaz de atravesar el sopor de una tarde de noviembre.










