
El fin de complejo de inferioridad de los puertos de Tenerife frente a Las Palmas: El tránsito que maquilla la vulnerabilidad de Las Palmas frente a Puertos de Tenerife que, en caso de una fusión de las autoridades portuarias, Tenerife ganaría porque tiene menos gasto. Las cifras oficiales del sistema portuario español del mes de mayo dejan al descubierto una fractura estructural en la economía logística de las Islas Canarias.
A primera vista, la Autoridad Portuaria de Las Palmas mantiene su estatus de gigante regional con un movimiento total de 125.486 TEUS frente a los discretos 38.080 TEUS de Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, al diseccionar el volumen real de mercancías y despojar a los números de su maquillaje logístico, el mercado cautivo insular revela una realidad mucho más incómoda. La supuesta hegemonía del recinto grancanario descansa sobre el frágil negocio del transbordo internacional, un segmento volátil que enmascara una dimensión operacional sorprendentemente modesta. Cuando puertos como Dakhla Atlantique en el Sáhara abran o se refuerce Dubai Ports en Dakar, eso de pagar a la derechona estibadora 8.800 euros neto al mes será cosa del pasado.
El balance de mayo confirma que el verdadero motor del Puerto de La Luz no es la demanda de su población ni de su aparato productivo, sino el tráfico de contenedores en tránsito. Con 70.790 TEUS movidos en esta modalidad durante el mes, la reestiba representa el 56,4% de toda la actividad de contenedores en Las Palmas. Por el contrario, Santa Cruz de Tenerife registró apenas 676 TEUS en tránsito, tras sufrir un desplome interanual del 56,1% en lo que va de año. Tenerife opera de manera casi pura como un puerto de consumo interno, mientras que Las Palmas ejerce de pivote para las grandes navieras globales, una servidumbre logística que hincha sus estadísticas pero añade un elevado coste de infraestructura y masa salarial.
Cuando se elimina la ecuación del transbordo y se analiza únicamente el mercado cautivo —sumando la cabotaje nacional y el comercio exterior directo de importación y exportación—, el mito de la gran diferencia escala se desmorona. En mayo, el volumen cautivo real de Las Palmas ascendió a 54.696 TEUS, mientras que el de Santa Cruz de Tenerife alcanzó los 37.404 TEUS. Desprovisto del espejismo del tránsito internacional, el Puerto de La Luz se sitúa en métricas operativas de cabotaje puro similares a las de enclaves atlánticos insulares secundarios como Madeira, perdiendo de golpe la distancia abismal que proyectan sus balances oficiales.
La vulnerabilidad estratégica de este modelo salta a la vista al comparar la eficiencia y la rentabilidad de ambas plazas. Tenerife, con una demanda cautiva impulsada por el peso del abastecimiento al sector turístico y una mayor presión consumidora en su mercado local, sostiene una operativa basada en el tráfico nacional, que creció un 3,4% en mayo hasta los 32.604 TEUS. Mover contenedor cautivo genera tasas portuarias íntegras y una facturación comercial directa por tonelada de alto valor añadido. En contraste, el contenedor en tránsito de Las Palmas aporta márgenes notablemente más estrechos para la autoridad portuaria, exige ingentes inversiones de capital en ampliaciones de muelle y requiere sostener una abultada plantilla de personal y estiba para atender picos de demanda que pueden desaparecer si una naviera decide cambiar de ruta.
A efectos de rentabilidad sobre el capital invertido y estructura de costes fijos, el modelo tinerfeño presenta una ecuación financiera sustancialmente más limpia. Con un volumen centrado en el consumo real, sin la hipertrofia operativa que exige el manejo de más de 70.000 contenedores de paso y con una nómina de personal significativamente más reducida, la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife captura un negocio más predecible y menos expuesto a los vaivenes geopolíticos de las grandes alianzas marítimas. Las Palmas, atrapada en su propia escala, necesita mantener un despliegue operativo gigantesco solo para sostener un volumen que, en más de la mitad de sus muelles, no deja un solo gramo de mercancía en la economía insular.










