
En marzo de 1811, 6.000 isleños financiaron de su propio bolsillo la expedición de 600 voluntarios de la Granadera Canaria. Desembarcaron en Cádiz para sangrar en el frente de Chiclana y librar a la ciudad del sitio napoleónico, una gesta inmortalizada en las notas de la familia de Benito Pérez Galdós. Dos siglos después, la factura de aquel auxilio patrio se cobra con una puñalada comercial en la espalda del empresariado canario.
Bajo el mando de Teófila Martínez al frente de la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz, el lobby logístico Cádiz-Port ultima el puenteo definitivo al archipiélago. El plan pilotado por Daniel Macpherson, capital escocés en las venas como aquellos que querían hundir el Sáhara a altura de Tarfaya para hacerlo navegable hasta Mali, traza una línea directa entre el sur peninsular y los puertos de Agadir y Dakhla Atlantique. En este esquema colonialista, Las Palmas queda degradada a una humillante escala técnica de paso, un mero apeadero para que las navieras reposten antes de repartir el botín en el Sáhara Occidental.
La maniobra de la cúpula del PP gaditano destila una profunda ignorancia del tablero africano y un desprecio absoluto hacia el capital insular. Mientras desde Andalucía se apresuran a colgarse medallas políticas sobre el mapa saharaui, el empresariado canario de estirpe —no los comerciales ni los medianeros a sueldo de firmas extranjeras— lleva 50 años esperando con prudencia estratégica a que se aclare el marco jurídico del dossier del Sáhara para ejecutar inversiones sólidas y con garantías.
De la sangre galdosiana al ninguneo logístico
El intento de abanderar la expansión comercial hacia el norte de África desde los muelles gaditanos ignora medio siglo de densidad logística, capacidad de bunkering y servicios navales consolidados en La Luz. Pretender que Cádiz ejerza de nodo matriz hacia Dakhla ha pasando por encima de la provincia oriental no solo desmantela la cohesión histórica entre ambos puertos, sino que condena la ruta al fracaso por falta de masa crítica de retorno.
Cádiz olvida que Canarias no es un peaje geográfico ni una colonia de tránsito. Intentar cosechar en Marruecos y el Sáhara puenteando a la burguesía industrial que arriesga su capital en las islas no es solo una torpeza mercantil; es una traición histórica a quienes cruzaron el océano para salvar a Cádiz cuando la Península se desmoronaba.
Según la prensa marroquí, «para Cádiz-Port, el auge de Tanger Med es un ejemplo a seguir y confirma el potencial del mercado marroquí. La futura conexión entre Cádiz, Las Palmas, Agadir y Dakhla podría constituir, por tanto, un nuevo vínculo en el comercio marítimo entre España y Marruecos, a la vez que ilustra la creciente importancia de los puertos marroquíes en las estrategias logísticas europeas». Falta de ignorancia.










