Una investigación publicada este martes 13 de octubre por el periódico británico The Observer vincula la acuicultura europea de salmón con la creciente presión sobre la disponibilidad de pescado para consumo humano en Mauritania. El análisis se fundamenta en un trabajo de investigación de cinco años desarrollado por el colectivo periodístico ‘The Outlaw Ocean Project’.
Lo que está pasando: El estudio documenta la ruta de suministro de insumos marinos desde África Occidental hacia el norte de Europa a través del seguimiento del buque cisterna Key Bay. La embarcación zarpó del puerto de Nuadibú (Mauritania) el 22 de octubre de 2022 con un cargamento de aceite de pescado destinado a Noruega para abastecer a Mowi, uno de los mayores productores globales de salmón.
Por qué importa: La desviación de capturas de pesquerías en África Occidental para fabricar harinas y aceites de exportación compromete directamente la seguridad alimentaria y el sustento de las comunidades locales. Aunque la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala en sus datos de 2026 que la acuicultura aporta ya el 59 % de los alimentos acuáticos consumidos en el mundo, cerca del 90 % de la harina de pescado global se destina a alimentar este sector, trasladando el impacto ambiental y social del plato del consumidor a la cadena de suministro de los piensos.
Falta de trazabilidad en las flotas e iniciativas del sector
El informe de The Outlaw Ocean Project destaca las dificultades para fiscalizar el origen de estos insumos a nivel internacional. Tras analizar más de 2.400 embarcaciones implicadas en la producción de harina de pescado en al menos 30 países, la investigación concluyó que menos del 30 % hizo pública su posición geográfica, un factor que frena el control efectivo de la cadena de custodia.
En respuesta a estas exigencias, la multinacional Mowi ha fijado metas para lograr la trazabilidad completa de sus materias primas y la certificación de sus ingredientes marinos mediante sellos como MarinTrust y el Marine Stewardship Council (MSC). Asimismo, la compañía prevé incorporar entre un 10 % y un 15 % de ingredientes emergentes en sus dietas para el año 2030.
Para mitigar la presión sobre las poblaciones silvestres, la FAO aboga por diversificar la composición de los piensos mediante el uso de microalgas, harinas de insectos y subproductos del procesamiento de pescado. Con este escenario, la evaluación de la sostenibilidad en la acuicultura de alta gama abarca ya no solo las condiciones ambientales de las granjas marinas en Europa, sino la huella socioeconómica en los puertos de origen de sus insumos.










