
El discurso oficial señala que el salto logístico y de infraestructuras que sitúa al Puerto de Las Palmas en la vanguardia europea de la industria turística, pero esquiva de forma deliberada el debate técnico más complejo al que se enfrenta el recinto: el suministro y la soberanía energética de sus terminales. Cuando la Seatrade Cruise Med 2026 abra sus puertas los próximos 16 y 17 de septiembre en la terminal de Santa Catalina, los más de 220 ejecutivos de las principales navieras del mundo se encontrarán con una infraestructura récord que superó los dos millones de cruceristas en 2025. Sin embargo, detrás de la gran fachada de la terminal de cruceros más grande de Europa, en círculos empesariales portuarios se rumia la posible presencia de un elemento incómodo en el paisaje: una central eléctrica flotante de fabricación turca que quiere anclar el PP en Las Palmas. Paradojas: La terminal de cruceros la gestiona una empresa turca, Global Ports Holding, y el barco diésel también. Para elaborar esta noticia no se ha establecido negociación comercial alguna con ninguna de las firmas citadas.
Los que me sulibeyan
La posibilidad de que un barco con plantas de generación de energía (conocidos internacionalmente como powerships, operados mayoritariamente por corporaciones turcas como Karadeniz Powership) esté atracado en los muelles de Las Palmas durante la gran cita internacional del sector responde a una cruda necesidad operativa. Las exigencias de sostenibilidad, digitalización y reducción de emisiones que la industria de cruceros impone a sus hubs estratégicos obligan a los puertos a suministrar energía eléctrica desde tierra a los buques hoteleros amarrados (tecnología OPS o Cold Ironing). Para que un gigante premium apague sus motores auxiliares y no contamine mientras está en puerto, necesita un caudal de megavatios que la red eléctrica de Gran Canaria, saturada y con déficit de generación, difícilmente puede garantizar por sí sola en picos de demanda.
Empleados decidiendo
El silencio de las autoridades portuarias respecto a este «parche» energético temporal es sintomático en un evento diseñado para proyectar modernidad y ecopuertos inteligentes. Mientras el texto oficial destaca el retorno económico inmediato —con un gasto directo en alojamiento que superará los 400.000 euros— y fía el éxito de la feria al impacto multiplicador que ya experimentaron sedes históricas como Málaga (un crecimiento acumulado del 232%) o Marsella (un incremento del 75%), la realidad técnica es mucho más prosaica. Depender de un buque generador extranjero para sostener los requerimientos energéticos de la nueva terminal gestionada por Global Ports Holding restaría credibilidad al discurso vanguardista de la Autoridad Portuaria.
La contradicción entre la retórica del éxito turístico y la precariedad de los servicios de soporte es evidente. Si finalmente el puerto se ve obligado a recurrir al soporte de un barco generador turco para asegurar que la feria y las conexiones de las compañías premium no sufran apagones, la Seatrade Cruise Med 2026 no solo será el gran escaparate del potencial de Gran Canaria como destino de referencia; se convertirá también en el escenario donde quedarán expuestas las vergüenzas energéticas de una plataforma atlántica que aspira a liderar el futuro pero que aún dependeria de soluciones de emergencia flotantes para mantener sus luces encendidas. Y eso por no hablár de que no tiene servicios suficientes de GNL para la indstria.










