
Tampoco es un lobby, es otra cosa. Hay silencios que atruenan o burbujean más que cualquier discurso, y el que rodea este 2026 a Antonio Morales en su defensa de la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan) es ensordecedor. El presidente del Cabildo de Gran Canaria compareció a finales del pasado mes de enero para denunciar una «estrategia de dejación sostenida» y una «muerte lenta» de la joya de la corona de la investigación marina en las islas. Pero todos los que comen vía SPEGC del turrón de la economía azul mantienen silencio sepulcral. El supuesto tejido empresarial que, en teoría, debería ser el mayor beneficiario de esta infraestructura está callado.
Y eso que hasta se trajeron a Las Palmas en la época de Vicente Marrero a nada menos que a la comisaria griega de pesca de la UE María Damanaki, hoy consejera de la cadena hotelera que dirige Suzanna Laskaridis. Una cosa es ensamblar turbinas eólicas y otra cosa la base civil de Plocan a no ser que la idea sea crear un Plocan propio en el puerto e Las Palmas.
Para el empresariado, Plocan es una herramienta vital, pero no una colina por la que valga la pena morir políticamente. El sector privado ha optado por una vía de negociación discreta con Madrid y Santa Cruz de Tenerife, priorizando la estabilidad de las inversiones sobre el reclamo de soberanía institucional que abandera el Cabildo grancanario. Morales ha dejado claro que no va a ser «cómplice» de la degradación de Plocan. No obstante, en esta travesía, el presidente del Cabildo se encuentra navegando en solitario. El lobby de la economía azul, ese que él mismo ayuda a alimentar, parece haber decidido que su futuro está en los despachos de los ministerios, y no en las barricadas de la corporación insular.
En la política canaria, el negocio de la economía azul ha aprendido a moverse con la cautela de un submarino. Mientras Morales cargaba con dureza contra el Gobierno de España y el Gobierno de Canarias por la «infrafinanciación deliberada» del centro, los grandes actores del sector prefirieron no aparecer en la foto. Para el lobby industrial, pelearse con Madrid o con el Ejecutivo regional por una cuestión de gobernanza insular es un lujo que no se pueden permitir en vísperas de las primeras subastas de eólica marina.
El «pecado» de la exclusión institucional
Morales, escoltado por su consejero Raúl García Brink, sin presencia tampoco de la Cámara de Gran Canaria, presentó argumentos técnicos que rozan lo escandaloso: una masa salarial congelada desde 2014, instalaciones deterioradas y una dependencia absoluta de los fondos europeos ante el abandono estatal y autonómico. «Europa está sosteniendo su actividad mientras el Estado y el Gobierno de Canarias mantienen congelada su estructura básica», sentenció.
Sin embargo, el punto de fricción real es el control. Morales denunció el «veto sistemático» que impide al Cabildo de Gran Canaria entrar en el Consejo Rector de Plocan, una exclusión que tildó de «difícilmente justificable» comparándola con el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), donde los cabildos de Tenerife y La Palma sí tienen voz y voto. El presidente insular sospecha que no se quieren «testigos institucionales» de la degradación del centro, pero su queja no ha encontrado eco en las patronales ni en los clústeres marítimos.
Plocan ha atraído más de 100 millones de euros en inversión y lidera ensayos internacionales de eólica flotante, pero su estructura interna se desangra por la fuga de talento hacia el sector privado o centros extranjeros donde los salarios no están «hibernados». La «estrategia de dejación» que denuncia Morales podría ser, en realidad, un síntoma de un cambio de paradigma en la gestión de la I+D+i en Canarias: una donde el Cabildo ha pasado de ser el motor impulsor a ser un actor incómodo en una mesa donde Madrid y el Gobierno regional prefieren gestionar sin interferencias locales.
Noticia escrita por Gara Vega. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










