
Los muelles de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife han inaugurado este 2026 bajo un cielo plomizo que no solo responde a la meteorología, sino a una tormenta perfecta en los mercados de destilados. El sector del bunkering en las Islas, pulmón económico del archipiélago y termómetro del comercio atlántico, se enfrenta a un escenario que los veteranos del sector califican de inédito por su dureza: una combinación de precios deprimidos, demanda anémica y un corsé regulatorio que amenaza con asfixiar los márgenes operativos de los proveedores.
La dinámica es implacable. Según los últimos datos de Ship & Bunker, el precio del VLSFO (combustible bajo en azufre) se encamina hacia los $440/mt en el corto plazo, con proyecciones que lo sitúan por debajo de la barrera de los $450/mt hasta bien entrado 2027. Para los puertos canarios, que han cimentado su competitividad en el volumen y la agilidad de suministro, esta caída de precios —impulsada por el aumento de la producción de la OPEP+ y una oferta mundial que alcanzará los 108,7 millones de barriles diarios este año— es un arma de doble filo. Si bien alivia la tesorería de las grandes navieras, deja a los proveedores del archipiélago en una posición de extrema vulnerabilidad.
El fin de la era del volumen
El mito de la recuperación post-pandemia se ha desvanecido. Aunque el tráfico global creció un tímido 1,9% el año pasado, los niveles de actividad búnker siguen sin alcanzar el listón de 2019. En el caso de Canarias, la situación es especialmente sensible; la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya ha sentenciado que la demanda mundial se estancará en los 5 millones de b/d de aquí a 2030. Con una eficiencia de los motores cada vez mayor y la entrada en vigor de normativas de emisiones cada vez más estrictas en aguas europeas, el crecimiento basado únicamente en mover más toneladas parece cosa del pasado.
«He estado en este negocio mucho tiempo y nunca lo había visto tan mal durante tanto tiempo», reconoce a Canarymaritime un empreario del puerto de Las Palmas que pide no ser identificado. Esta confesión resuena con fuerza en los despachos de la Luz y de Tenerife, donde el margen de error para los suministradores pequeños y medianos se ha reducido a la mínima expresión.
El tornillo regulatorio y el riesgo de crédito
A la caída de los ingresos se suma un aumento estructural de los costes. La regulación de emisiones de la UE ha introducido una complejidad administrativa y financiera que no entiende de precios bajos de crudo. Los proveedores canarios se ven atrapados en una pinza: deben financiar operaciones cada vez más costosas en términos de cumplimiento y gestión de riesgos, mientras que los ingresos por tonelada se estancan.
El entorno de bajos márgenes ha disparado las alarmas sobre el riesgo de crédito. En un mercado donde el combustible se entrega mucho antes de cobrarse, la exposición a retrasos en los pagos o impagos por parte de armadores con balances ajustados es una amenaza latente. El cumplimiento de las sanciones internacionales añade una capa extra de riesgo que obliga a una vigilancia constante, encareciendo aún más cada litro suministrado.
Para los puertos de Canarias, el 2026 no es solo un año de resistencia, sino de transformación forzosa. La supervivencia ya no depende de la cotización del barril, sino de la capacidad para integrar tecnología —como la inteligencia artificial para optimizar plantillas— y de navegar en un mar de normativas que penalizan el modelo de negocio convencional. El Atlántico sigue ahí, pero las reglas del juego han cambiado para siempre.
Noticia escrita por Pedro Marrero. Editado y verificado por José L. Jiménez. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










