
El sistema portuario de Santa Cruz de Tenerife se asienta sobre una base de intercambio nacional ineludible, con España consolidada como el eje vertebrador de su operatividad en 2024. El flujo hacia la península alcanzó los 6,87 millones de toneladas métricas en desembarques y 3,89 millones en carga, representando la columna vertebral de un turnover donde la Autoridad Portuaria retiene el 51% del volumen de negocio. No obstante, el valor estratégico del puerto se define en su capacidad para atraer carga desde nodos globales, donde Brasil destaca como el principal proveedor internacional con 217.987 toneladas, seguido muy de cerca por Suecia, que aporta 206.819 toneladas a las estadísticas de entrada.
La diversificación de los orígenes de mercancías refleja la vocación atlántica del puerto tinerfeño, con el Reino Unido (111.232 tm), Nigeria (96.581 tm) e India (94.190 tm) completando el top cinco de importadores. Esta amalgama de orígenes, que incluye a los Países Bajos (88.542 tm), Francia (84.451 tm) y China (59.816 tm), evidencia un puerto capaz de gestionar cadenas de suministro complejas, desde manufacturas europeas hasta materias primas procedentes de mercados emergentes asiáticos y africanos. Marruecos y Alemania, con volúmenes superiores a las 50.000 toneladas cada uno, terminan de conformar un ecosistema de importación robusto y equilibrado.
En cuanto a la vocación exportadora, el Puerto de Santa Cruz de Tenerife redirige su estrategia comercial principalmente hacia Portugal, que encabeza la lista con 88.492 toneladas embarcadas. El corredor hacia el Golfo de Guinea se ha revelado como el verdadero motor de expansión, con Mauritania (70.784 tm), Costa de Marfil (70.720 tm) y Benín (63.658 tm) absorbiendo una parte crítica de los envíos regionales. Esta red de exportación se extiende hasta Sierra Leona, Nigeria, Ghana y Gambia, países que, en conjunto, articulan una plataforma de salida consolidada para los productos que transitan por los muelles tinerfeños.
La presión operativa resultante de estos flujos exige una gestión técnica de alta precisión, especialmente en activos como Granadilla y Los Cristianos, que operan al 95% y 90% de su capacidad. Este nivel de ocupación, junto a la actividad en San Sebastián de la Gomera y La Estaca —que alcanzan el 95% y 85% respectivamente—, obliga a una optimización constante de los recursos portuarios. Con un 38% del volumen de negocio total concentrado en la capital tinerfeña, la Autoridad Portuaria se enfrenta al desafío de mantener la eficiencia en el tránsito de estas toneladas, garantizando la fluidez de un comercio que ya no depende únicamente de la conexión con el territorio peninsular español.










