
Canarias no compite solo con otros puertos: compite con estrategias nacionales. Es como en la guerra de Las Mavinas: Reino Unido iba con la OTAN, Argentina no pudo contar con el respaldo de España. Lo mismo es lo que temen las autoridades canarias. Y es que la operación por la que una empresa pública marroquí aspira a entrar en la filial de terminales canarias de Boluda Corporación Marítima no puede analizarse únicamente como un movimiento empresarial. Se inscribe en una estrategia geopolítica más amplia de Marruecos en el Atlántico, donde los puertos, la logística y las rutas marítimas se han convertido en instrumentos de poder económico y diplomático.
Desde hace más de una década, Rabat ha apostado por convertir su fachada atlántica en un eje logístico de primer orden. El desarrollo del complejo de Tánger Med y la proyección internacional de Marsa Maroc responden a una lógica clara: controlar nodos de entrada y salida del comercio marítimo entre Europa, África y América. En ese tablero, Canarias ocupa una posición incómoda pero estratégica, como plataforma intermedia natural y como competidor directo en determinados tráficos.
El Puerto de La Luz y de Las Palmas ha sido históricamente un enclave clave en el Atlántico medio: reparaciones navales, bunkering, transbordo y servicios a flotas internacionales. La consolidación de nuevos puertos en el sur de Marruecos —especialmente en Dakhla— y la entrada de capital público marroquí en operadores europeos apuntan a una estrategia de integración vertical: infraestructura, operador y mercado bajo una misma visión de Estado.
En este contexto, la preocupación expresada por Antonio Morales no es retórica. Responde al temor de que decisiones empresariales aparentemente neutras tengan efectos estructurales sobre la competitividad de Canarias, su autonomía logística y su papel en las cadenas globales de suministro. Cuando el inversor es un Estado o una empresa bajo su control, la frontera entre economía y política se diluye.
De ahí que la entrada de capital público extranjero en empresas que operan en recintos portuarios concesionados se perciba como un asunto de interés general, donde confluyen economía, seguridad, soberanía funcional y equilibrio regional. El debate ya no es si Marruecos puede invertir, sino en qué condiciones y con qué salvaguardas.
Noticia escrita por Gara Vega H. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










