
El Estrecho de Gibraltar y las Islas Canarias ya no son los únicos puntos de fricción por el control del búnker en el Atlántico medio. Mauritania ha irrumpido en el mercado del combustible marino con la concesión de licencias de suministro físico a dos de los operadores más potentes del sector global: Peninsula y Minerva Bunkering. La decisión de la Comisión Nacional de Hidrocarburos mauritana de liberalizar este servicio marca un punto de inflexión para las rutas comerciales de África Occidental, transformando las paradas técnicas en aguas de Nuadibú y Nuakchot en una alternativa competitiva a los puertos tradicionales, es decir, a Canarias.
Peninsula ha reclamado el liderazgo en esta nueva plaza al ser la primera compañía en formalizar su licencia tras un riguroso proceso de licitación. El proveedor mundial, con sede operativa en Gibraltar, ha desplegado ya dos barcazas en la región con capacidad para suministrar tanto fueloil como gasóleo marino (LSMGO) bajo los estándares ISO 8217:2022. La firma cuenta con autorización para ampliar esta flota hasta las tres unidades, consolidando una infraestructura que busca captar el tráfico de los buques mercantes que transitan hacia el sur del continente.
El eje logístico Las Palmas-Mauritania
La entrada de Minerva Bunkering en el escenario mauritano refuerza la interconexión entre el archipiélago canario y la costa africana. La compañía ha confirmado que su operativa se apoyará directamente en su centro logístico de Las Palmas de Gran Canaria, desde donde se coordinará el suministro de combustible. Para esta misión, Minerva ha movilizado tres buques tanque de suministro —el MT Symi, el MT Tethys y el MT Karpathos—, diseñados para realizar entregas tanto a buques comerciales de gran calado como a las instalaciones de petróleo y gas que operan en alta mar.
Esta sinergia, por llamarlo de alguna forma, con Canarias no es casual. De momento, la infraestructura de almacenamiento en el puerto grancanario permite a los proveedores físicos garantizar la calidad del producto y la estabilidad del flujo en un mercado, el mauritano, que aún está desarrollando sus capacidades de almacenamiento en tierra. Para Minerva, el foco inicial en Nuadibú y Nuakchot responde a la necesidad de dar cobertura a los proyectos de exploración y extracción de hidrocarburos en la plataforma continental, un sector que demanda servicios de alta especialización y tiempos de respuesta mínimos.
Una frontera estratégica para el comercio global
La apuesta de Peninsula y Minerva por Mauritania debe leerse en clave de expansión geográfica ante la saturación de los centros tradicionales. El corredor atlántico africano ha experimentado un incremento notable en la actividad offshore, lo que genera una demanda cautiva que hasta ahora debía desviarse a otros puertos para repostar. Con la presencia física de estas barcazas, Mauritania se posiciona como un nodo de servicios marítimos capaz de retener valor añadido en sus propias aguas territoriales.
El movimiento de estas multinacionales subraya el apetito por nuevos mercados donde la competencia es todavía incipiente. Al obtener las licencias oficiales, Peninsula y Minerva no solo aseguran una cuota de mercado, sino que establecen los estándares operativos en un país que aspira a convertir su fachada marítima en un motor económico. La carrera por el búnker en África Occidental ha comenzado, y el despliegue de estas flotas en Mauritania confirma que la logística del combustible ya no entiende de fronteras estáticas, sino de proximidad a la demanda y eficiencia en el suministro.










