En el negocio de la logística, cuando el engranaje del comercio global sufre un roce, los transitarios sienten la quemadura mucho antes que cualquier otro actor de la cadena. Del 1 al 4 de octubre, el principal órgano de representación del sector en España, FETEIA-OLTRA, reunirá a más de 200 altos directivos, responsables aduaneros y ejecutivos portuarios en Santa Cruz de Tenerife para su cónclave bienal. Las deliberaciones en Canarias vendrán dictadas por una realidad analítica y sobria marcada por la volatilidad de las rutas de suministro, el entorno geopolítico, el endurecimiento de los estándares medioambientales europeos y un relevo generacional decisivo en la cúpula de la industria.
La elección de la sede constituye un guiño calculado a la geopolítica regional. Situadas en la intersección de los corredores marítimos entre Europa, África y América, las Islas Canarias ofrecen un telón de fondo idóneo para un sector que lidia con el rediseño forzoso de las cadenas de suministro y las reformas regulatorias. Altos cargos del Departamento de Aduanas de la Agencia Tributaria, la Secretaría General de Movilidad Sostenible y las principales autoridades portuarias del país, incluidas Barcelona, Bilbao, Valencia y Algeciras, intervendrán en el encuentro junto a directivos de la logística corporativa.
Bajo los debates técnicos sobre cumplimiento aduanero y digitalización subyace un relevo institucional de primer orden. La jornada de apertura acogerá la Asamblea Electoral de la federación, que formalizará el fin del mandato de Enric Ticó tras veintiún años al frente de la patronal. Ticó, que ha dirigido la operativa transitaria española a lo largo de dos décadas marcadas por la expansión comercial, los severos picos de tensión de la pandemia y las posteriores reconfiguraciones de la cadena de suministro, entregará el testigo a Víctor Martín. Martín, un veterano con más de cuarenta años de trayectoria en el transporte internacional que preside actualmente la patronal vasca ATEIA Euskadi y la Comisión Marítima de la federación, encabeza la única candidatura en liza. Su administración entrante se enfrenta al imperativo inmediato de preservar los márgenes operativos de los intermediarios españoles mientras Bruselas acelera con mandatos de sostenibilidad cada vez más exigentes y marcos aduaneros más rígidos.
Ticó señalaba recientemente ante la cita de octubre que el comercio internacional está cambiando a una velocidad extraordinaria y que el transitario se encuentra en la primera línea de esa transformación. Para el directivo saliente, Tenerife representará una oportunidad para anticiparse a los cambios venideros y reforzar la moneda de cambio subyacente del sector, basada en la confianza y las relaciones institucionales.
La inquietud que recorre la industria responde menos a la operativa portuaria local que a la deriva regulatoria comunitaria. A lo largo de los últimos meses, FETEIA ha trasladado reiteradamente al Ministerio de Transportes su preocupación por el impacto comercial y la burocracia derivados de los nuevos controles del comercio exterior y los mecanismos de información ambiental de la Unión Europea. Los transitarios advierten de que los cuellos de botella administrativos corren el riesgo de erosionar la competitividad de la península y los archipiélagos frente a otros centros logísticos del Norte de África y el Mediterráneo no sujetos a la normativa comunitaria.
El archipiélago atlántico aspira a consolidarse como una plataforma de soporte resiliente para los flujos comerciales del Atlántico Medio. Más allá de las sesiones formales y las jornadas de trabajo respaldadas por treinta y seis patrocinadores estatales y corporativos, entre los que figuran Aena, Puertos del Estado y el Consorci de la Zona Franca de Barcelona, la cita de Tenerife medirá hasta qué punto los operadores logísticos europeos de mediano tamaño están preparados para absorber los costes de la fragmentación del comercio global. Para una industria cuya razón de ser es garantizar que las mercancías crucen fronteras sin hacer ruido, el cónclave tinerfeño pondrá a prueba si los transitarios españoles pueden redefinir su modelo de negocio antes de que el próximo impacto geopolítico les obligue a hacerlo por la fuerza.










