
El viento del Sáhara sopló a más de 80 kilómetros por hora sobre las dunas de Nuakchot y el acero recién levantado crujió hasta doblarse como hojalata. Dos de los siete gigantescos tanques de almacenamiento que debían garantizar las reservas estratégicas de carburante de Mauritania colapsaron antes siquiera de recibir sus cubiertas. La imagen de las estructuras metálicas retorcidas por una racha marina no solo ha destapado un escándalo de ingeniería al sur del Trópico de Cáncer; ha encendido todas las alarmas entre provedores el Puerto de Las Palmas, nudo logístico e histórico centro de operaciones de Oryx Energies, la filia de Addax, para el Atlántico medio.
El proyecto mauritano —una mole de 100.000 metros cúbicos valorada entre 30 y 36 millones de dólares— nació con fórceps contables en septiembre de 2023. La licitación internacional convocada por el Gobierno de Nuakchot agrupó en un solo paquete opaco el suministro nacional de carburantes durante dos años y la construcción llave en mano del depósito logístico. El contrato cayó en manos del gigante suizo Addax Energy (matriz de Oryx). Sin embargo, en lugar de confiar la obra a una constructora especializada en grandes parques petrolíferos, Addax subcontrató bajo la modalidad EPC a la sudafricana EPCM Holdings.
Desde mayo de 2025, la prensa especializada africana venía advirtiendo de la falta de credenciales de EPCM para un complejo de esa envergadura, limitándose sus antecedentes a un depósito inacabado en la República Democrática del Congo y al asesoramiento técnico. En abril de 2026, el propio ministro de Petróleo mauritano, Mohamed Ould Khaled, exigió una aceleración del calendario ante los severos retrasos acumulados. Cuatro meses después, el viento se encargó de realizar la auditoría que las autoridades omitieron.
El colapso de Nuakchot salpica de lleno el flanco canario. Fuentes del sector señalan que la operativa de suministros, abastecimiento de chapa, piezas y triangulación técnica de EPCM y Oryx para el megaproyecto mauritano ha tenido en el Puerto de Las Palmas su principal base de apoyo y transbordo. Si las inspecciones independientes concluyen que existió un defecto de diseño, un déficit de arriostramiento o el uso de calidades inferiores para abaratar costes, la sombra de la negligencia no solo caerá sobre las oficinas suizas de Addax, sino sobre los controles de seguridad y la intermediación logística en la capital grancanaria.










