
La ingeniería financiera de los gigantes energéticos vuelve a quedar al desnudo en las páginas del BOE. Bajo el sopor de los datos registrales del pasado 6 de abril de 2026, se ha certificado una maniobra que vincula directamente a Enagás con la opacidad fiscal de Madeira. Las sociedades «Puerto de Agaete SL» y «Puerto de Adra SL», registradas en Santa Cruz de Tenerife, han oficializado su mutación para quedar bajo el control absoluto de una matriz portuguesa: Marítima Americana Unipessoal LDA, con sede en el archipiélago luso, conocido por sus ventajosas condiciones tributarias para sociedades no residentes.
El movimiento es una coreografía de repliegue y concentración de poder. En una declaración de unipersonalidad fulminante, Enagás ha desmantelado los consejos de administración de estas filiales canarias, provocando el cese en bloque de actores de peso como Bansabadell Inversió Desenvolupament y, lo más llamativo, del propio Instituto de Crédito Oficial (ICO), que hasta ahora ocupaba la vicepresidencia. La salida del brazo financiero del Estado de estos órganos de gestión coincide con la entrega del control total a la entidad de Madeira, dejando la administración en manos de dos figuras clave: Laudelino Alperi Baragaño y José Ramón Fernández García.
Esta reestructuración fiscal, oculta tras una simbólica ampliación de capital de apenas un euro para ajustar balances, revela la cara B de la estrategia de Enagás Financiaciones SAU. Mientras la matriz ejerce como presidente y consejero saliente, la estructura operativa se traslada a una «black box» en territorio portugués. La sustitución del Consejo de Administración por administradores solidarios simplifica la cadena de mando y diluye la fiscalización interna, facilitando el flujo de activos hacia la matriz unipersonal en Madeira.
La cronología registral no deja lugar a dudas sobre la intención de la eléctrica: limpiar la estructura de socios institucionales y bancarios españoles para consolidar un esquema donde el puerto de llegada de los beneficios no sea suelo canario, sino la Zona Franca de Madeira. En un contexto de máxima sensibilidad sobre los beneficios energéticos, Enagás mueve ficha en el Atlántico, utilizando la bandera de conveniencia de una sociedad unipersonal portuguesa para blindar su arquitectura financiera frente al fisco estatal.










