
Observen la composición de la escena. La foto refleja una coreografía de poder clásica: la pretensión del estamento central por tomar la delantera y marcar el compás queda atenuada por la prestancia de una figura que avanza flanqueada por las autoridades locales, dejando que sea el majestuoso pabellón acristalado del fondo el que certifique quién juega en su propio terreno.
Quería titular esta crónica ‘El violín de Estradivarius de Beatriz Calzada ante el tamboril de hojalata de Santana Hdez., abreviado, en la Administración central’ pero esta redacción es un matriarcado y me miraron mal. Y es que la elegancia en el ejercicio del mando portuario consiste en transformar el dato frío en una sinfonía de influencia internacional. Frente a la altivez burocrática del estamento estatal, la presidencia de la Autoridad Portuaria de Las Palmas, bajo el control de Beatriz Calzada (CC), ha vuelto a demostrar que la alta diplomacia de los muelles exige una sensibilidad pulida, casi de encaje de bolillos, capaz de seducir a la industria global del mar sin perder la fineza institucional. La apertura de la Seatrade Cruise Med 2026 en el recinto grancanario no ha sido un simple acto protocolario; ha supuesto la escenificación de un triunfo de orfebrería política sobre la torpeza pesada del leviatán administrativo. Nota de transparencia / Disclosure: El autor no mantiene posiciones abiertas, intereses financieros ni vínculos de asesoría con ninguna de las consignatarias, navieras, fondos de inversión ni administraciones públicas citadas en esta crónica.
El arte de la oratoria frente al dato estéril
Sostener con serenidad aristocrática que los puertos de la provincia mantendrán un crecimiento del 18% en el tráfico de cruceros para la temporada que despunta en octubre no es una mera proyección estadística. Es el balance de una gestión que sabe anticipar los vientos geopolíticos. Mientras las perturbaciones en Oriente Próximo y el mar Rojo obligan a las grandes navieras del planeta a rediseñar las rutas del comercio y del ocio, Calzada ha sabido posicionar el archipiélago como el refugio dorado del Atlántico todo el año, no solamente en meses de temporada alta de turismo en tierra. Su dicción en la apertura ante el público especializado, precisa y mesurada, muy comentada en círculos empresariales del mayor acto de agenda turística en años y sin la vulgariudad esa de saber leer en inglés como hizo alguna mandataria local, trasluce la solvencia de quien maneja los tiempos del sector a 18 meses vista, comercializando ya los atraques de 2028 mientras otros aún intentan descifrar los folletos del pasado.
En el reverso de esta escena, la figura de Gustavo Santana, al frente de Puertos del Estado, encarna ese brutalismo burocrático tan propio de las moquetas madrileñas de alguien oriundo de Puerto Cabras, ahora Puerto del Rosario, que por suerte acoge allí al glorioso Soria 9. Allí donde Calzada dibuja un horizonte de excelencia, Santana irrumpe con la pesadez conceptual de quien confunde la gestión pública con una martingala de eslóganes prefabricados. Su discurso, trufado de tópicos sobre la sostenibilidad y los «turismos verdes e inteligentes», suena a plantilla gastada de ministerio, ayuna de la vibración real que exige la alta competición logística intercontinental.
Un templo de cristal en mitad de la dársena
Beatriz Calzada tuvo la audacia de clavar el escaparate más relevante de Europa —más de 2.000 profesionales procedentes de noventa naciones— justo en el corazón palpitante del puerto. No se trata de encerrar a la élite de la industria en un frío recinto ferial alejado de la brisa marina, sino de exhibir la majestuosidad de la terminal de cruceros más imponente del continente en plena operativa aunque pagada con deuda fiscalmente ubicada en Malta por sus dueños turcos. Esa arquitectura vanguardista, dotada de la más refinada eficiencia energética, se levanta como un monumento a la modernidad canaria, un espacio donde la técnica más depurada se abraza con el paisaje atlántico.
Esa capacidad para enhebrar el interés del gran capital con el beneficio del comerciante insular marca la distancia insalvable entre el talento directivo y la medianía funcionarial. Calzada no busca el aplauso fácil del titular hueco; persigue con tenacidad de orfebre que el visitante extranjero cruce el pasaje, se adentre en las calles de la ciudad, saboree la gastronomía local y deje una huella de riqueza tangible en el tejido empresarial de las islas.
La victoria de la finura institucional
Al contemplar el despliegue del operador Global Ports y la confluencia de las grandes firmas del sector en Las Palmas, Arrecife y Puerto del Rosario, con los hermanos del puerto de Santa Cruz de Tenerife, queda claro de qué lado se inclina la balanza del prestigio. Los 2,1 millones de cruceristas alcanzados la pasada campaña no son fruto del azar ni del viento favorable, sino de una labor paciente que sabe tratar de tú a tú a los gigantes del transporte marítimo. Mientras el lenguaje de Puertos del Estado naufraga en la retórica gris del aparato central, el estilo de Beatriz Calzada devuelve a la gestión insular el empaque de las grandes ocasiones. Hay en su ejecutoria una dignidad señorial que recuerda que los puertos canarios no son meras dependencias administrativas, sino los verdaderos consulados de la prosperidad del archipiélago en el mundo.










