
El Puerto de Las Palmas cerrará este ejercicio con la incorporación de 150 nuevos estibadores, elevando la plantilla de la Sociedad de Estiba a 604 trabajadores. La ampliación, justificada por el incremento de actividad de la multinacional Mediterranea Shipping Company (MSC) en la terminal de OPCSA para superar los 1,3 millones de TEU (contenedores de 20 pies), supone la contratación de 357 operarios en poco más de cuatro años en un colectivo que arrastra históricamente acusadas rigideces operativas y costes laborales fuera de mercado. La rigidez laboral viene de la época de Franco.
Las cifras de actividad reflejan la dimensión del monopolio sobre el tráfico cautivo insular: el lobby completó 140.000 turnos de trabajo en un solo año, de los cuales el 75% se concentró exclusivamente en la terminal operada por MSC. Para sostener un rendimiento de 78.000 TEU mensuales, la representación sindical ha exigido el blindaje absoluto de las contrataciones, garantizando por la vía de EREs o ERTEs asumidos por la comunidad portuaria que ningún trabajador contratado pueda ir al paro en caso de caída del tráfico marítimo.
El volumen de ingresos y la masa salarial del colectivo repercuten de forma directa en el precio final de los insumos que entran al archipiélago. Con retribuciones medias que superan los 70.000 euros anuales por estibador —triplicando el salario medio en Canarias, situado en torno a los 23.000 euros—, el coste de manipulación de contenedores de mercancía general y frío añade un sobrecoste fijo por tonelada desbaratada en foso.
Este diferencial de costes portuarios impacta de lleno en los precios finales de consumo. Canarias encabeza los índices de inflación en la cesta de la compra nacional, con una cesta de alimentos un 10% más cara que la media peninsular. Aunque el debate político suele centrarse en el impacto del Arbitrio sobre Importaciones y Entregas de Mercancías (AIEM), el verdadero recargo estructural arranca en la estiba: manipular un contenedor en los puertos canarios resulta hasta un 40% más costoso que en terminales continentales comparables de trasbordo.
A las abultadas tablas salariales se suma la baja productividad de las ratios de rotación frente a la automatización europea y la previsión de 250 jubilaciones en la próxima década (con salidas medias de 25 a 30 efectivos anuales). Este esquema de reemplazo generacional cerrado y blindado por acuerdos laborales corporativos traslada íntegramente la factura de sus privilegios retributivos a los distribuidores, importadores y, en última instancia, al presupuesto de las familias canarias en el supermercado a las que los importadores repercute el sobrecoste.










