
En un movimiento de audacia estratégica que sin duda transformará el tráfico marítimo internacional, la Autoridad Portuaria de Las Palmas ha decidido que la mejor manera de competir con los puertos de Rotterdam o Algeciras es instalando tres señores de bronce a escala real en medio de una acera. El Pliego de Prescripciones Técnicas Particulares, firmado digitalmente por la jefa de Gestión Técnica del Territorio, Antonia Bordón, y ratificado por el director del organismo, Francisco Trujillo, detalla un despliegue de ingeniería estética presupuestado en la nada despreciable cifra de 158.895 euros. La burocracia portuaria demuestra así que, cuando se trata de gastar fondos públicos en adornar el hormigón, la precisión técnica es tan sagrada como si se estuviera construyendo un nuevo dique de contención para superpetroleros.
La actuación, bautizada con el rimbombante nombre de Paseo de los Poetas, pretende colocar en el muelle de Santa Catalina Sur las efigies de Saulo Torón, Alonso Quesada y Tomás Morales. Tres tótems del modernismo canario que, según el propio documento oficial, mantenían una estrecha vinculación con el entorno portuario, vínculo que ahora se conmemorará obligando a los cruceristas a tropezar con ellos mientras buscan la salida del recinto. Cada una de estas tres unidades artísticas vendrá equipada con una losa de piedra natural mecanizada donde se grabará una frase representativa del autor en bajo relieve y un código QR. Este último detalle tecnológico resulta especialmente tierno: la Autoridad Portuaria confía en que las hordas de visitantes extranjeros detendrán su marcha bajo el sol atlántico para escanear un enlace digital y leer poesía en mitad de una zona de servicio logístico.
Renderizados en tres dimensiones y pátinas anticorrosión
El proceso de adjudicación revela que el arte contemporáneo ya no se fía del ojo del escultor, sino del modelado digital. El pliego asigna un lote inicial de 16.500 euros, desglosado en un coste unitario de 5.500 euros por barba, exclusivamente para la fase de diseño. Un artista especializado deberá transformar las fotografías antiguas que guardan los archivos del puerto en una malla de puntos tridimensional. La burocracia se ha asegurado de incluir en el contrato el derecho a una modificación del modelo tras la primera presentación y una segunda oportunidad de enmienda tras una impresión 3D de validación formal. Solo cuando el funcionariado portuario apruebe el muñeco de plástico definitivo, se dará permiso para encender los hornos de la fundición.
El verdadero desembolso, sin embargo, se destina a la metalurgia pesada. La fabricación de los tres poetas absorberá 112.500 euros del presupuesto neto, lo que significa que el bronce de cada literato cotiza a 37.500 euros la pieza antes de impuestos. El adjudicatario tendrá que redactar un plan de fabricación exhaustivo que detalle la composición exacta de los materiales y, de forma prioritaria, la pátina de acabado. Un requisito imprescindible si se quiere evitar que el salitre del muelle de Santa Catalina y los excrementos de las gaviotas portuarias terminen tiñendo la dignidad de Tomás Morales de un verde fosforito antes de que venza el plazo de garantía del contrato.
Agujeros de setenta centímetros y fijación química
La instalación de las efigies en la acera no se limitará a dejar caer el bronce sobre el suelo y esperar que nadie se lo lleve a una chatarrería. El pliego exige una microobra civil valorada en 19.500 euros que alterará el pavimento actual de la zona de servicio. Los operarios deberán arrancar dos líneas de las baldosas existentes para encastrar una losa de piedra natural de al menos cuatro centímetros de grosor. Para que el invento no vuelque ante el primer temporal del noroeste, la piedra se sustentará sobre un dado de cimentación de hormigón armado con una profundidad mínima de setenta centímetros, una zapata digna de una grúa pórtico pero destinada a sostener a un poeta inmóvil.
La unión entre el bronce y la base pétrea se ejecutará mediante el empotramiento de barras de acero corrugado (reas) fijadas con taco químico, una técnica de anclaje estructural diseñada para resistir tanto los embates del viento marino como el entusiasmo de los turistas que decidan subirse a hombros de Saulo Torón para hacerse un selfi. Toda esta parafernalia constructiva deberá cumplir estrictamente con el Código Técnico de la Edificación (CTE), la normativa de seguridad y salud en el trabajo y, por supuesto, el Manual Técnico de Accesibilidad en el Ámbito Portuario, no vaya a ser que el homenaje a las letras canarias termine provocando una denuncia por tropiezo.
Ocho meses de plazo para asegurar la inmortalidad
La Autoridad Portuaria ha concedido al futuro contratista un plazo máximo de ocho meses para ejecutar el suministro y la obra. Para evitar que el adjudicatario coja el dinero y desaparezca, el régimen de pagos se ha diseñado con una prudencia contable casi quirúrgica. La firma del contrato apenas liberará un simbólico 5% del total. La aprobación del diseño en la pantalla del ordenador otorgará otro 10%. El gran premio, un 70% del dinero, se pagará únicamente cuando las estatuas y sus respectivas losas de piedra mecanizada ingresen físicamente en las dependencias del puerto. El 15% restante se retendrá como fianza hasta que los poetas estén perfectamente soldados, nivelados y limpios de escombros en su ubicación definitiva.
Como remate a este despliegue de solemnidad administrativa, el pliego incluye una cláusula de confidencialidad digna del desarrollo de un nuevo sistema de armamento militar. El contratista se compromete a mantener el secreto más absoluto sobre los datos, planos e informes generados durante los ocho meses de relación laboral. Ninguna de las partes podrá publicar nada de este proceso sin el consentimiento previo y por escrito de la dirección portuaria. Una precaución comprensible: no conviene que la competencia internacional descubra los planos secretos de las tres esculturas que están llamadas a revolucionar la productividad del muelle de Santa Catalina Sur a golpe de rima consonante.







